La microflora
(microorganismos) representada por los virus, las bacterias y los hongos.
Este tipo de
organismos viven principalmente en la solución del suelo (agua gravitacional,
capilar e higroscópica) y participan en la descomposición de la materia
orgánica, así como la meteorización de los minerales del suelo.
Virus: Los virus son partículas de material genómico de ADN o ARN
dentro de una capa de proteína, a veces contenida dentro de una envoltura de
lípidos. Estas partículas afectan a casi todos los organismos de la Tierra y
tienen una gran influencia en la agricultura, la salud y los procesos
biogeoquímicos. Sin embargo, se sabe muy poco sobre ellas en un contexto
ambiental, y aún menos sobre su diversidad y ecología en el suelo.
Aunque los avances metodológicos recientes han mejorado
enormemente la capacidad para estudiar las comunidades virales del suelo en los
últimos años, aún no se han explorado en detalle las contribuciones de la
ecología viral del suelo a las redes tróficas, los ciclos de nutrientes, la
salud y la calidad del recurso. Sin embargo, reportan haber hallado indicios
del papel de los virus en los ciclos del nitrógeno (N) y carbono (C) al
identificar una correlación entre la abundancia de virus con el contenido de estos
elementos en el suelo, así como con la relación C:N. Otros investigadores
afirman que cuando la infección viral causa la muerte de la célula huésped,
puede movilizar carbono celular en un proceso que quizás ha sido pasado por
alto en el ciclo del carbono.
Bacterias: Las bacterias son procariotas que comprenden organismos
microscópicos, unicelulares o con las células formando asociaciones simples. La
mayoría de las bacterias tienen un diámetro de 0,2 μm y una longitud entre 2-8
μm. Poseen una variedad de formas: redondas o esféricas (cocos), barras
(bacilos) y otras como vibrios, espiroquetas que pueden adherirse entre sí
formando diversos arreglos bacterianos, poseen diversas formas de metabolismo que los hacen
altamente adaptables a diferentes condiciones ambientales. Se encuentran en
todos los entornos del planeta, desde aguas termales y respiradores de aguas
profundas hasta la atmósfera y la nieve ártica. También pueden colonizar
plantas, animales y humanos como patógenos, simbiontes o simplemente formando
una comunidad comensal. Algunas son capaces de vivir sin oxígeno (anaerobios),
mientras que otras dependen de este elemento para crecer (aerobios), e incluso
en algunos casos logran adaptarse para vivir en presencia o ausencia de oxígeno
(anaerobios facultativos). Las bacterias forman parte de la microflora vital en
la rizosfera al participar en los ciclos biogeoquímicos de nutrientes durante
los cuales liberan elementos esenciales para su reciclaje. También descomponen
la materia orgánica muerta, son los únicos microorganismos capaces de la
fijación biológica de nitrógeno y son responsables de mitigar la toxicidad de
los metales pesados. Además, las bacterias promueven el crecimiento y mejoran
la productividad de las plantas mediante la secreción de reguladores de
crecimiento, lo que también ayuda a la absorción de nutrientes por las plantas.
Hongos: Los hongos son un grupo muy diverso de organismos eucariotas
pertenecientes al reino Fungi. Hasta el momento se han descrito alrededor de
100.000 especies, y las estimaciones sobre el número total de especies oscilan
entre 0,8 y 3,8 millones. es probable que la gran mayoría de las especies de
hongos registradas hasta ahora pasen al menos una parte de su ciclo de vida en
el suelo. Estos organismos tienen papeles ecológicos fundamentales como
descomponedores, mutualistas o patógenos de plantas y animales. Como los hongos
son heterótrofos que dependen del carbono fotosintético como fuente de
alimento, las interacciones directas e indirectas con las plantas son una parte
importante de su ecología. Los factores climáticos, seguidos de las variables
edáficas y espaciales, constituyen los mejores predictores de la riqueza
fúngica y la composición de la comunidad a escala global.
Nematodos: Los nemátodos son el grupo de animales más abundante en el
suelo y en los ecosistemas acuáticos, y representan alrededor del 80 % de todos
los animales de la Tierra. Generalmente, las especies de nemátodos del suelo
poseen una longitud
aunque también pueden encontrarse con
longitudes de hasta 5 mm. Tienen una población estimada de 4,40 x 1020
individuos, que dependen de las películas de agua que rodean las partículas del
suelo para su actividad e intercambio de gases.
Los nemátodos sobreviven a condiciones extremas cerrando su
metabolismo, alterando sus vías bioquímicas y la forma del cuerpo y entrando en
un estado de latencia (criptobiosis), que es reversible cuando vuelven las
condiciones ambientales favorables. Mientras se encuentran en criptobiosis,
pueden ser dispersados por el viento. La abundancia de nemátodos del suelo
generalmente disminuye al aumentar la profundidad y la distancia de las
plantas, ya que muchos de ellos se concentran principalmente en la rizosfera.
Una vez están muy cerca de las raíces de las plantas, estos organismos son
atraídos por ciertos factores químicos asociados con el crecimiento vegetal,
particularmente el CO2 y algunos aminoácidos.
Protozoos: Los protozoos son en su mayoría heterótrofos, unicelulares y
eucariotas, y suelen tener una longitud de 10 a 50 μm, pero las muestras más
grandes pueden medir hasta 1 mm. Son uno de los miembros de la biodiversidad
del suelo menos estudiados debido a desafíos metodológicos, especialmente su
aislamiento de la matriz. Hasta ahora se han registrado alrededor de 1.600
especies de protozoos del suelo, muchas de las cuales tienen adaptaciones
especiales al entorno. aunque se considera que se distribuyen principalmente en
los pocos centímetros superiores del perfil del suelo, también se encuentran a
profundidades de más de 200 metros en ambientes de aguas subterráneas.
La mayoría de los protozoos se alimentan predominantemente
de bacterias y, al ser considerados como los principales consumidores de las
bacterias en los suelos, forman la base del canal de la red trófica bacteriana.
Sin embargo, representan una gama mucho más amplia de gremios de alimentación
que incluye hongos, cianobacterias, algas, materia orgánica, otros protozoos e
incluso fauna del suelo multicelular. Los protozoos, al consumir bacterias,
producen un aumento en el contenido de nitrógeno orgánico en el suelo y, por
consiguiente, un aumento en la absorción de ese elemento por las plantas, lo
que los lleva a concluir que la alimentación de los protozoos estimula
fuertemente la mineralización y la reposición del nitrógeno bacteriano.